Ortega y gasset joven

La rebelión de las masas

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José Ortega y Gasset (español: [xoˈse oɾˈteɣa i ɣaˈset]; 9 de mayo de 1883 – 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español. Trabajó durante la primera mitad del siglo XX, mientras España oscilaba entre la monarquía, el republicanismo y la dictadura. Su filosofía ha sido caracterizada como una «filosofía de la vida» que «comprendía un comienzo largamente escondido en una metafísica pragmatista inspirada en William James, y con un método general a partir de una fenomenología realista a imitación de Edmund Husserl, que sirvió tanto a su proto-existencialismo (anterior al de Martin Heidegger)[1] como a su historicismo realista, que ha sido comparado tanto con Wilhelm Dilthey como con Benedetto Croce»[5].

Generación ortega y gasset

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Una segunda traducción fue publicada en 1985 por la University of Notre Dame Press en asociación con W. W. Norton & Co. Esta traducción fue realizada por Anthony Kerrigan (traductor) y Kenneth Moore (editor). El novelista Saul Bellow escribió una introducción.

En esta obra, Ortega rastrea la génesis del «hombre-masa» y analiza su constitución, para describir el ascenso al poder y la acción de las masas en la sociedad. Ortega se muestra bastante crítico tanto con las masas como con los hombres-masa que las componen, contraponiendo «la vida noble y la vida vulgar» y excoriando la barbarie y el primitivismo que ve en el hombre-masa.

El resumen que hace Ortega de lo que intentó en el libro lo ejemplifica bastante bien, a la vez que ofrece la opinión del propio autor sobre su obra: «En este ensayo se ha intentado esbozar un determinado tipo de europeo, analizando principalmente su comportamiento respecto a la propia civilización en la que ha nacido». Había que hacerlo porque ese individuo «no representa una nueva civilización en lucha con una anterior, sino una mera negación…»

El dehumani… del arte y…

A lo largo de los once volúmenes de la obra completa del filósofo español José Ortega y Gasset, podemos encontrar múltiples alusiones al deporte que nos «incitan» a un estudio sistemático sobre su filosofía del deporte.

Sin embargo, el aspecto más destacado que su Metafísica puede aportar a la construcción del sentido de la filosofía contemporánea del deporte se encuentra en la Lección VI de su curso «Qué es la filosofía». Expuesta en Madrid el 26 de abril de 1926, en ella hizo presentación de la filosofía como «la ciencia de los deportistas», ya que la filosofía conserva del deporte «el humor limpio y el cuidado riguroso».

En este desahogo de la «frivolidad» de la filosofía, Ortega aporta una anotación que quiero destacar ante la comunidad académica internacional de filosofía del deporte, porque de ahí se desprende su estimación vital para la filosofía y su exacta apreciación para el deporte: Dentro del hombre biológico y utilitario existe el «hombre lujoso y deportivo». La filosofía es parte del juego de la ilusión, y en este sentido, sitúa al filósofo dentro del grupo de hombres para «quienes lo superfluo es lo necesario».

Origen y epílogo de la filosofía

«Sorprenderse, maravillarse, es empezar a comprender. Este es el deporte, el lujo, especial del hombre intelectual. El gesto característico de su tribu consiste en mirar el mundo con los ojos bien abiertos por el asombro. Todo en el mundo es extraño y maravilloso para los ojos bien abiertos».

«En su elección de amantes, tanto el hombre como la mujer revelan su naturaleza esencial. El tipo de ser humano que preferimos revela los contornos de nuestro corazón. El amor es un impulso que brota de lo más profundo de nuestro ser, y al llegar a la superficie visible de la vida lleva consigo un aluvión de conchas y algas del abismo interior. Un hábil naturalista, limando estos materiales, puede reconstruir las profundidades oceánicas de las que han sido arrancados.»

«Porque no cabe duda de que la división más radical que es posible hacer de la humanidad es la que la divide en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho a sí mismas, amontonando dificultades y deberes; y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser cada momento lo que ya son, sin imponerse ningún esfuerzo hacia la perfección; meras boyas que flotan sobre las olas.»