Casos de corrupcion de podemos

5 ejemplos de corrupción en filipinas

El Grupo del Banco Mundial considera que la corrupción es un reto importante para su doble objetivo de acabar con la pobreza extrema para 2030 e impulsar la prosperidad compartida para el 40% más pobre de la población de los países en desarrollo.

La corrupción tiene un impacto desproporcionado en los pobres y los más vulnerables, aumentando los costes y reduciendo el acceso a los servicios, incluidos los de salud, educación y justicia. La corrupción en la adquisición de medicamentos y equipos médicos aumenta los costes y puede dar lugar a productos de baja calidad o perjudiciales. Los costes humanos de la falsificación de medicamentos y vacunas en los resultados de salud y los impactos de por vida en los niños superan con creces los costes financieros. Los pagos no oficiales por servicios pueden tener un efecto especialmente pernicioso en los pobres.

Los estudios empíricos han demostrado que los pobres pagan el mayor porcentaje de sus ingresos en sobornos. Algunos estudios han sugerido que los pobres pueden incluso ser presa de ellos, ya que se les considera impotentes para quejarse. Cada dólar, euro, peso, yuan, rupia o rublo robado o mal dirigido roba a los pobres la igualdad de oportunidades en la vida e impide a los gobiernos invertir en su capital humano.

Casos de corrupción en filipinas

Como parte del programa más amplio de lucha contra la corrupción, es importante que las autoridades responsables, tanto internas como externas a las organizaciones, desarrollen sistemas claros y transparentes para recibir y gestionar las denuncias de corrupción. Sin estos sistemas, el proceso de investigación de la corrupción será, en el mejor de los casos, aleatorio. A la hora de evaluar o crear dichos sistemas, hay que tener en cuenta varias consideraciones.

En primer lugar, cualquier sistema de gestión de denuncias, ya sea en el sector público o en el privado, debe cumplir ciertas normas de calidad y equidad. Al fin y al cabo, las organizaciones tienen el deber de cuidar a las personas que se relacionan con ellas.

En segundo lugar, las organizaciones y los gobiernos deben proporcionar información al público sobre lo que se puede denunciar, a quién, cómo se debe denunciar y qué ocurre después con las denuncias. La entidad correcta a la que se pueden denunciar los casos de corrupción variará en los distintos países y contextos. Las denuncias de corrupción dentro de una organización, por ejemplo, deben hacerse primero a un supervisor o a un responsable de ética de la empresa, mientras que las denuncias de corrupción dentro de la sociedad civil pueden dirigirse directamente a la policía o a la comisión anticorrupción correspondiente. Se debe proporcionar orientación a este respecto a los empleados como posibles denunciantes y a las organizaciones como posibles receptores de las denuncias de corrupción. En Australia, por ejemplo, la Oficina de la Agencia del Defensor del Pueblo de la Commonwealth elaboró la Guía de la Ley de Divulgación de Interés Público de 2013, en la que se explica la forma en que las organizaciones deben gestionar las preocupaciones que se reciban.

Ejemplos de corrupción del poder en la historia

Aunque no es el objetivo principal de este módulo, el tema de la medición de la corrupción está estrechamente relacionado con lo discutido hasta ahora. Los intentos de medir la corrupción pretenden revelar la naturaleza y el impacto de la corrupción, y son necesarios para desarrollar respuestas anticorrupción. Las mediciones de la corrupción pueden utilizarse para identificar tendencias e ilustrar la escala y el alcance de determinados tipos de corrupción. Pueden ayudar a los responsables políticos, a los analistas y a los académicos a desarrollar herramientas para reducir la corrupción de forma eficaz. Para más información sobre la importancia de medir la corrupción, véase

Índice de Integridad Pública (IPI). El IPI pretende ofrecer una imagen objetiva y completa del estado de control de la corrupción en más de cien países. El índice se basa en la evaluación de un conjunto de seis componentes (independencia judicial, carga administrativa, apertura comercial, transparencia presupuestaria, ciudadanía electrónica y libertad de prensa) que ayudan a clarificar el marco institucional que potencia la integridad pública. Aunque este índice no se basa en las percepciones, proporciona más una evaluación del riesgo que una medida del nivel real de corrupción. Otros ejemplos de índices compuestos que se basan en indicadores indirectos son el

Ejemplos de casos de corrupción pública

A lo largo del tiempo, la corrupción se ha definido de forma diferente. Por ejemplo, en un contexto simple, mientras se realiza un trabajo para un gobierno o como representante, no es ético aceptar un regalo. Cualquier regalo gratuito podría interpretarse como una estratagema para atraer al receptor hacia algunos prejuicios. En la mayoría de los casos, el regalo se ve como una intención de buscar ciertos favores, como un ascenso laboral, una propina para conseguir un contrato, un puesto de trabajo o la exención de ciertas tareas en el caso de que el trabajador subalterno entregue el regalo a un empleado superior que puede ser clave para conseguir el favor[2].

Algunas formas de corrupción -que ahora se denominan «corrupción institucional»[3]- se distinguen del soborno y de otros tipos de beneficio personal evidente. Un problema similar de corrupción surge en cualquier institución que depende del apoyo financiero de personas que tienen intereses que pueden entrar en conflicto con el objetivo principal de la institución.

La tercera dimensión es el quid pro quo. La corrupción es siempre un intercambio entre dos o más personas/partes en el que las personas/partes poseen bienes económicos, y la otra persona/partes poseen un poder transferido para ser utilizado, según reglas y normas fijas, hacia un bien común. En cuarto lugar, también hay diferentes niveles de percepción social de la corrupción. Heidenheimer divide la corrupción en tres categorías. La primera categoría se denomina corrupción blanca; este nivel de corrupción se ve mayoritariamente con tolerancia e incluso puede ser lícito y legítimo; suele basarse en los lazos familiares y en los sistemas cliente-patrón. El tipo de corrupción que suele darse en los Estados constitucionales o en los Estados en transición hacia una sociedad más democrática se denomina corrupción gris y se considera censurable según las normas morales de la sociedad, pero las personas implicadas siguen careciendo en su mayoría de la sensación de haber hecho algo malo. La tercera categoría, la corrupción negra, es tan grave que viola las normas y leyes de una sociedad. La última dimensión se denomina «política en la sombra»; se trata de una parte del proceso político informal que va más allá de los acuerdos políticos informales legítimos y se convierte en un comportamiento que se oculta a propósito. [5]